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En estas fechas comienzan las compras navideñas. Es bien sabido que España, tradicionalmente hemos sido, dentro de Europa, un país arraigado en costumbres y tradiciones familiares.

Quién no piensa en la Navidad y recuerda a la familia cenando, comiendo, cantando villancicos o la noche mágica de Reyes acostándote pronto para recibir al lado de tu zapato el regalo que tanto habías deseado.

De un tiempo a esta parte, Las NAVIDADES se han centrado principalmente en el CONSUMO: las cenas, el amigo invisible, los regalos, etc.

Alguna vez hemos pensado ¿Por qué regalamos? ¿Para qué regalamos? ¿Vale el regalo por su coste/marca o por lo que supone? ¿Quién es más feliz el que lo ofrece o el que lo recibe? Lo que se observa es que la sociedad reclama una felicidad basada en el CONSUMO, en un consumo compulsivo. Todo vale mientras nuestro hijo sea feliz. Una felicidad basada en el tener, no en el SER.

LA ABUNDANCIA acaba restando ilusión y aumentando el capricho.

Uno de los problemas actuales de la infancia y adolescencia es: la saturación, la falta de frustración, los continuos descontentos.

Hay que educar a nuestros hijos a ser SELECTIVOS CONSUMIDORES no cayendo en la saturación.

ESTA NAVIDAD puede ser un buen momento para educar en EL SER más que en el tener. UNAS IDEAS A TENER en cuenta en estas navidades: reducir el número de presentes, fomentar un buen regalo único entre los abuelos materno/paterno, compartir regalos entre los hermanos, regalar cuentos que trabajan los valores, realizar algún acto de caridad con nuestros hijos, donar un juguete a los rastros solidarios, ofrecer juegos de mesa.

Termino presentando una lectura ofreciendo una historia disparatada sobre el consumo compulsivo.

“LA HISTORIA DEL BAÑO DE ESPUMA”

Un hombre veía todas las noches los anuncios de la televisión y luego se compraba lo que habían anunciado. Una vez salió una chica guapísima anunciando una nueva espuma de baño, con la que todos estarían más sanos y serían más felices. Inmediatamente el hombre se compró tres envases grandes de esa espuma de baño.

Quiso estar sano de golpe y ser feliz; para eso vació todo un envase en la bañera. Removió un poco, y enseguida se hizo una bonita espuma blanca.

Removió más y la espuma siguió subiendo. De repente, el hombre se encontró sentado en medio de una especie de clara de huevo batida a punto de nieve, que le llegaba hasta la nariz. Trató de buscar aire, y dio manotazos. Copos grandes de espuma se desprendían por arriba y se desparramaban.

La espuma crecía por encima de la cabeza del hombre y llegaba hasta el techo. El hombre no se sentía ni siquiera un poquito mejor. Solamente lo veía todo blanco, tenía la nariz y los oídos llenos de espuma, daba patadas y puñetazos y gritaba: “Basta, basta”, y al hacerlo se atragantaba.

Su mujer y sus hijos, asustados, forzaron la puerta. Una espesa nube de espuma salió del baño, y por encima de la nube estaba suspendido el hombre, y remaba con brazos y piernas, y jadeaba, tosía y escupía.

Veintinueve historias disparatadas. Úrsula Wölfel.

Helga González Medina (Psicóloga CPSF)

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