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Llega el verano, el buen tiempo, el momento de la playa y la piscina…y es el momento también en el que la fuerza del sol puede provocar quemaduras, especialmente a nuestros hijos.

Vaya por delante que necesitamos el sol para vivir, por lo que la solución no es evitarlo. Sin ir más lejos el sol, por ejemplo, nos ayuda a crear vitamina D.

Pero un sol demasiado fuerte y agresivo también provoca efectos negativos sobre nuestra piel. Fundamentalmente el envejecimiento de ésta. Y por tanto, cuanto más veces a lo largo de nuestra vida se nos queme la piel al sol, más rápido envejecerá y más posibilidades tendremos de tener un cáncer de piel.

Por ello, debemos tratar de evitarlas o al menos tratarlas a posteriori. Evidentemente lo mejor es evitarlas, y comenzaremos por ver cómo hacerlo. Muchos consejos son evidentes, pero no siempre lo tenemos en cuenta:

  • Lo primero sería evitar la exposición de los niños al sol en las horas de mayor intensidad de éste. Los niños tienen la piel más sensible que los adultos, y por ello debemos evitar una exposición demasiado intensa.
  • Al exponer al niño al sol es recomendable cubrirlo en la medida de lo posible (un gorro, una camiseta…). Fundamentalmente sensible será la cabeza, para evitar una insolación.
  • Además, recomienda siempre la crema de protección solar. Para la elección de la crema nos fijaremos en la edad para la que se recomienda, y el factor de protección debería ser de en torno a un 50. La aplicación la realizaremos un poquito antes de la exposición al sol, para asegurarnos de que se fija en la piel. Y si el niño va a estar mucho tiempo al sol es recomendable volver a aplicarla. Aproximadamente, lo ideal es reaplicarla cada dos horas.
  • Por último, diremos que la exposición al sol es mejor que sea paulatina. Es decir, podrá ir aumentando conforme el niño vaya poniéndose más moreno, pero procurando que la piel no se queme o se enrojezca en ningún momento. Si vemos que el niño está rojo, ya se le ha quemado la piel, por lo que deberemos dejar de exponerlo al sol.

Si a pesar de estos consejos, el niño se ha quemado, podemos tratarlo para minimizar la gravedad de la quemadura. Esto podremos hacerlo de la siguiente manera:

  • Como mencionábamos anteriormente, lo primero es retirar al niño del sol. Cuanto antes lo retiremos menor será la gravedad de la quemadura y su efecto nocivo.
  • Una vez retirado, lo primero será hidratar la piel. Para ello podemos recurrir a cremas normales hidratantes.
  • Si además del rojo comentado, también el niño tiene dolor, podemos recurrir a antiinflamatorios. Incluso hay cremas para dermatitis atópica que contienen antiinflamatorios, aunque es cierto que no contienen corticoides. Por tanto podemos utilizarlas en caso de que el dolor no sea muy intenso, y podemos aplicarla varias veces al día hasta que la zona sobre la que lo aplicamos deje de estar enrojecida.
  • Si el dolor es más intenso ya pasaríamos a la aplicación de emulsiones de corticoides. Los aplicaremos en zonas extensas, para evitar efectos secundarios.

Por supuesto, y ante cualquier duda, inquietud o complicación no deje de acudir a consultar a su pediatra. Él le propoorcionará las pautas para el mejor tratamiento para su hijo. Y por supuesto, no deje que el niño vuelva a exponerse al sol hasta que se haya recuperado plenamente.